Por Denisa Andreea Tudor

 

Os comparto una observación, tanto de mi misma como del resto de compañeros, sobre lo que ocurre cuando comienzas a incluir en tu vida diaria las técnicas de Arhatic Yoga. He conversado con practicantes de Arhatic Yoga de diferentes países del mundo, y parece ser que hay una gran uniformidad tanto en las dificultades que se encuentran como en la forma de enfrentarse a la vida. Aparentemente, la forma en que se presenta todo es diferente en cada lugar, pero, de hecho, todo es lo mismo.

Hemos de tener en cuenta que hay muchas creencias sociales, culturales, familiares y personales. Todas ellas están integradas en nuestro ser, en nuestra mente y en nuestras células. El Arhatic Yoga lo primero que te permite experimentar es que TU estás por encima de todo esto, incluso de lo que crees sobre ti mismo, que eres más y que este MÁS está aún por descubrir.

La base de todo se encuentra en la Reflexión Interior como forma de modelar tu personalidad, liberarla de todo aquello que no seas Tu y llenarte de ti. Los defectos y las limitaciones, una vez aceptadas son extremadamente fáciles de eliminar con la técnica adecuada. La cuestión es aceptarlo.

Tomemos un ejemplo:

Yo creo que tengo derecho a decidir sobre tu vida (ya sea por una cuestión cultural o por una percepción aparentemente justificada, porque soy más listo que tú, porque soy mayor que tú, porque soy tu padre, porque así me lo han enseñado etc.) y tengo una vida normal: estrés diario, buena y mala suerte según toca, a veces me peleo con la gente, cuido de mi familia, voy a trabajar, salgo con mi círculo social de vacaciones, me duele algo de vez en cuando, lo normal.

Comienzo a hacer los ejercicios de respiración, los ejercicios físicos, aplico las técnicas de purificación emocional, hago las meditaciones y resulta que mi vida empieza a ser mejor: sonrió más, tengo más suerte, la gente me respeta más, los conflictos se reducen, tengo intuiciones, me siento más fuerte físicamente, me doy cuenta de que soy especial. Me esfuerzo mucho en inspirar a otras personas a comenzar a meditar porque veo que esto da muy buenos resultados. Pero, cada vez más mi relación contigo se complica, me hieres profundamente porque siento que no me respetas, te ayudo en todo, me sacrifico por ti, hago las técnicas del perdón y aun así más desagradecido e incluso despectivo me tratas. Todo parece por un lado maravilloso y por otro lado aumenta el conflicto contigo, que de hecho ni siquiera era consciente que lo tenía. Me empiezo a cansar y dejo las prácticas de Arhatic, pero a la vez me siento culpable de que no hago lo que tengo que hacer. De nuevo, parece que vuelvo a la vida de antes pero esta vez ya no me parece normal tener estrés o que me duela algo. Y empiezo a hundirme un poco más, ya que esta vez tengo consciencia de que es lo que vivo y que mi vida muy normal no era, que Lo Normal es ESTAR BIEN.

Un día me cruzo con mi instructor de Pranic Healing o algún compañero de Arhatic y le comento lo que me pasa, que estoy muy desconectado y realmente cansado. A la vez, veo que a la gente que tiene problemas le puedo ayudar y esto me frustra bastante porque a mí mismo me cuesta aplicar lo que les digo o ya no me funciona. Es que yo he entendido muy bien la teoría sobre el cuerpo energético y las enseñanzas, incluso soy capaz de decirte de memoria que técnicas toca hacer el jueves o lunes del mes de septiembre del año que viene. ¡Yo sé mucho!

A través de la conversación me entran fuerzas de reemprender las prácticas de Arhatic, pero esta vez comprendiendo que es lo que estoy haciendo, siendo muy sincero conmigo mismo, poniendo el acento en la purificación y el reequilibrio energético. A la hora de hacer la purificación emocional acepto internamente que mis reacciones no son tan bondadosas como yo pensaba, que soy bastante hiriente, que me cuesta perdonar, que no soy tan generoso, que miento y me miento a mi mismo.

Esto me permite realmente comenzar a extraer de mi sistema estas limitaciones y reemplazarlas con las cualidades apropiadas. Mi vida vuelve a estar bien, esta vez muy bien. Contigo las cosas han mejorado mucho porque miro en donde puedo mejorar yo, y después, con la ayuda de las técnicas día a día mejoro. Muy de vez en cuanto chocamos. Pero aun siento que falta algo, aunque tampoco me puedo quejar, estoy sereno en un 50% del tiempo, casi que no me estreso, mi mente está bastante callada y tengo una sensación de gratitud que no sé de donde viene pero me gusta. Y sigo con mis meditaciones o mis retiros. Un día escucho una frase (frase que de hecho ya había escuchado muchas veces): nadie tiene derecho sobre la vida de nadie y … comprendo que esta es mi creencia en relación a ti. Además oigo algo sobre el apego a ideas y creencias o situaciones y decido ponerme muy en serio con este tema. Después de unos meses de constante trabajo para erradicar estas limitaciones de mi sistema, absolutamente todo cambia: por fin soy yo mismo, me veo, me reconozco, veo a los demás y les reconozco, miro atrás y no me reconozco en nada, ahora ya empiezo a vivir. A demás tú, eres muy amoroso conmigo, nos relacionamos en armonía y con mucho respeto, sabemos que es normal equivocarse, que es la única forma para evolucionar.

Pienso que ya está…por fin he acabado. No pasa mucho tiempo desde que he conseguido ésta paz interior y comienzo a ver con claridad que aún hay infinidad de tendencias y semillas dentro de mí para eliminar, pero no entro en pánico, comprendo que durante toda la vida se requiere Construir el Carácter a través de la Reflexión Interior y Firme Resolución y las demás técnicas de purificación. Y ahora sé que quiero entregar el control de mi vida a mi Consciencia plenamente, que la mente y el cuerpo serán más vivos si están bajo el mando del Alma.

Ya no tengo prisa, no quiero llegar a nada externamente, solo quiero estar vivo plenamente.

Así que continuo con mis meditaciones, hago servicio, ayudo en todo lo que puedo a los demás, confió en mi voz interior porque ahora la escucho y doy lo mejor de mí en el trabajo, doy a mi familia Amor en sus múltiples expresiones, inspiro a otros a ser mejores personas, a través de mi ejemplo, en la medida que pueda o que se me permita y hago lo que más me gusta: descubrirme día tras día.